2012

 

ANTIGUA Y REAL COFRADÍA DE MARIA SANTÍSIMA

NTRA. SRA. DE LA ESTRELLA

PATRONA DE NAVAS DE SAN JUAN (JAÉN).

año 2012

Luisa Ruiz Higueras

Presentación

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PREGÓN DE LA ROMERÍA DE

NUESTRA SEÑORA MARÍA SANTÍSIMA DE LA ESTRELLA

 

Luisa Ruiz Higueras

 

Hermano Mayor y miembros de la Junta de Gobierno de la Antigua y Real Cofradía de Nuestra Señora María Santísima de la Estrella.

Autoridades civiles y religiosas.

Cofrades

Paisanos naveros: hombres y mujeres de esta buena tierra de Navas de San Juan.

Familiares, amigos y amigas queridos.

rólogo

A mediados de enero, cuando estaba ultimando todos los preparativos para una estancia de trabajo en Perú, recibí la llamada telefónica del Hermano Mayor de la Cofradía invitándome a impartir el pregón de este año. Me causó una enorme sorpresa y no pude negarme a la generosa oferta que se me hizo.

 

Habéis tenido la gentileza de cederme esta tribuna para que pregone el amor y la devoción que siento hacia nuestra Madre de la Estrella. Para mí constituye un gran honor que rebasa en mucho mis propios méritos. Por ello, quiero, en primer lugar, expresar mi agradecimiento y emoción ante esta misión que, durante años, han llevado a cabo personas con mucho más merecimiento.

 

Gracias a todas las personas presentes por acompañarme en esta noche del último día de abril, noche singular para todos los naveros e imborrable para mí.

 

Pregonar, en el diccionario de María Moliner, es: “Decir una cosa para que la sepan todos. Particularmente, las buenas cualidades de una cosa.”

 

Yo he tenido la suerte de conocer de forma muy cercana la condición de pregonero en mi propia familia; mi padre pregonó esta romería en el año 1977. Delante de todos los presentes puedo afirmar que, no solo fue pregonero el día 30 de abril de ese año, toda su vida fue un constante pregón a nuestra Madre de la Estrella. Pregonar la fiesta, la romería, la advocación de la Estrella; pregonar cotidianamente el amor incondicional de este pueblo a tan buena Madre marcó toda su vida. Durante el proceso de construcción de este pregón, confieso que mi padre me ha acompañado de manera especial.

 

Elaborar el pregón me ha permitido regresar a mi infancia, entrar en ella como se entra en un lugar sagrado, en un espacio eterno. Mi infancia fue un reino de eternidad.

 

¡Años de niñez en el que el tiempo no existe!

Un día, unas horas son entonces cifra de la eternidad .

 

Infancia navera, lugar del que salí sin querer y al que no puedo dejar de volver con añoranza y melancolía al iniciar este pregón.

 

Mis raíces naveras se ubican en una casa de la calle de “El Carmen” donde fui plenamente feliz. Primer cascarón mágico, nido imaginario, rincón acogedor donde comencé a despertar al mundo.

 

Volver al sitio de donde se nos ha desterrado es una emoción incomparable porque es, en cierto modo, volver uno a sí mismo, volver a entrar en el propio pasado, volver a hallarse en un cuarto del propio corazón, que estuvo largo tiempo cerrado.”

 

Al hurgar en mi infancia, al despertar los recuerdos dormidos en este mundo, en este territorio mítico, descubro siempre, metida en los pliegues más profundos de mi existencia, a nuestra Madre de la Estrella.

 

Mi vida ha transcurrido siempre con Ella. Soy consciente de que el sentido del misterio y la trascendencia nació en mi corazón ante su imagen.

 

Mis padres me enseñaron a rezar ante Ella. Aprendí a mirarla y aprendí también a sentirme mirada por Ella. Amparada, cobijada bajo su sonrisa maternal. Mi fe se llamó ESTRELLA en el alborear de mi vida.

 

La primera poesía que aprendí a recitar con cuatro o cinco años fue la décima de Pemán:

 

Sobre una faja de añil,

nube roja y claro rayo,

junto a la sombra de mayo

se estaba muriendo abril.

Un soplo alegre y gentil

mecía la rosa bella:

¡ y mediando en la querella

de la noche con el día,

entre los montes nacía,

en vez de sol, … una Estrella!

 

Mis padres me pedían recitarla a las personas que nos visitaban (esto solo se entiende cuando una tiene hijos y, no digamos, si lo que se tiene son nietos). Esta tarea no me apasionaba demasiado y, cuando mi instinto detectaba una posible sesión de recitado, procuraba desaparecer. Tiempos de mi infancia navera.

 

En la primera foto que aparezco en la romería, tengo sólo dos años. Romería del año 1952. Me acompañan mis padres, mi tía Magdalena y Fray Justo Pérez de Urbel, que ese año fue predicador de nuestra romería. Estamos comiendo, sentados apaciblemente, en el llano.

 

Tiempos de mi niñez en los que también aprendí con mi muy querido y entrañable Amadeo Mota a solfear y, en las primeras partituras que entoné, figuraban los mayos. Amadeo, ¿cuándo va a solfear la nena “Los Mayos”?, preguntaba, deseoso, mi padre.

 

 

1. Introducción.

 

Quiero comenzar mi pregón leyendo las palabras con las que mi padre finalizó el suyo en el año 1977:

 

“Navas de San Juan – venturoso pueblo con sólidos antecedentes romanos, según reza en la leyenda de su escudo, tomada de los Vasos Apolinares de Vicarello en la Toscana, por figurar como estación de la Vía Hercúlea, que confirma la Tábula Peutingeriana – tiene dos valiosos caminos: uno este, por el que, sin preguntar, se va a Roma y otro, el que nos ofrece la Estrella como preciado sendero que conduce al Cielo.”

 

Nuestra Virgen de la Estrella, el más preciado sendero de los naveros.

 

Los senderos son para transitarlos, para caminar por ellos. Os invito, en este pregón, a introducirnos en esta senda de luz que es nuestra Madre de la Estrella.

 

¿Qué Estrella quiero yo pregonar?

¿Qué María quiero yo pregonar?

 

2. ¿Qué Estrella- María quiero pregonar?

 

Estrella: su nombre

Estrella: su imagen

Estrella: Mujer

Estrella: Madre

 

2.1. Su nombre: se llamaba María.

 

En el Evangelio, una de las primeras referencias a la Virgen, a la madre de Jesús, es su nombre: se llamaba María, nos dice Lucas (Lc, 1, 27).

 

María, un nombre como otro cualquiera y, sin embargo, todo él es como un resplandor.

 

Cuando decimos su nombre: MARÍA - vocales anchas, sonoras, abiertas, ilimitadas - vibra en ellas toda una inmensidad. Gozo, plenitud y quietud se revelan en este nombre. María es abierta, María es fácil de pronunciar, este nombre llega al corazón de todos, es como una luz, una estrella que alumbra, enseña un camino y apunta hacia una dirección.

 

Ese es, precisamente, su significado etimológico: María es Estrella de Dios. Sinonímia que todos los naveros conocemos y difundimos por la singularidad única de la advocación de nuestra Madre como Estrella.

 

MIRYAM, palabra compuesta de MIR y YAM. Mir, brillar y yam, contracción de Yahvé. María: Luz de Yahvé; María: Estrella de Dios .

 

2.2. Virgen de la Estrella: su imagen.

 

Mi padre, uno de los naveros privilegiados que pudo ver la talla de la Virgen de la Estrella, la describía así:

 

“Tras destocarla de estadales, delantal, manto, sayal y corona, veremos una escultura tallada en madera, una imagen policromada de gran belleza artística, enriquecida con la pátina del tiempo. Su actitud, su altura, la colocación del cetro en la mano derecha, la posición del Niño con el globo sobre su brazo izquierdo y, en general, la perfección alcanzada en sus proporciones, le imprimen un alto grado de armonía, gracia y acabado. Si a estos caracteres le sumamos el de su maternal naturalidad, su dulce mirada, su bello rostro, su gesto indulgente y su amoroso semblante, llegaremos a la presunción de encontrarnos ante una imagen del tipo humano del período del arte gótico propio de los siglos XV y XVI.”

 

Imagen dotada de una hermosura única.

 

Pareciera que Lope de Vega estaba mirando a nuestra Virgen cuando, en un soneto, nos describe a María de Nazaret:

Poco más que mediana de estatura

como el trigo el color, rubios cabellos,

vivos los ojos, y las niñas de ellos

de verde y rojo con igual dulzura.

Las cejas de color negra y no oscura,

aguileña nariz, los labios bellos,

tan hermosos, que hablaba el cielo en ellos

por celosías de su rosa pura.

La mano larga para siempre darla,

saliendo a los peligros al encuentro

de quien para vivir fuese a buscarla.

Esta es María, sin llegar al centro,

que el alma solo puede retratarla

pintor que tuvo nueve meses dentro.

 

Ante tu dulce y significativo nombre y tu hermosa y seductora imagen, me vuelvo a preguntar:

¿Qué María quiero yo pregonar?

Quiero pregonar a María-mujer y a María-madre.

 

2.3. María – Estrella - Mujer.

 

María ha venido a ser cada vez más, en mi pensamiento y en mi corazón, la mujer que presenta el evangelio de Lucas. Mujer sencilla, humilde -“la pequeñez de su esclava” -, en la que Dios derrama su gracia y la llena de valentía, convirtiéndola en la cantadora del Magníficat, profetisa de los pobres libertados.

 

María, mujer de pueblo, madre marginada en Belén, en Egipto, en Nazaret;

excluida entre los grandes de Jerusalén;

la que creyó, y por eso es bienaventurada;

la que maduraba, en el silencio de la fe, sin visiones,

sin muchas respuestas previas,

los hechos y las palabras de Jesús, su Hijo;

la madre del Perseguido por los poderes establecidos;

la dolorosa madre del Crucificado;

la testigo más consciente de la Pascua;

la mujer rebosante del Espíritu en Pentecostés.

María, desde su pequeñez, se siente tan llena de Dios, que exclama:

 

 

“Porque se ha fijado en su humilde esclava,

desde ahora me felicitan todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mi”

(Lc. 1, 48-49)

 

María, la madre de Jesús, se siente fuerte y valiente, prolonga el linaje de las mujeres heroicas del Antiguo Testamento comprometidas con la justicia de Dios.

 

María, a través de su Magníficat, es la verdadera precursora del Mesías: anuncia el proyecto y la misión liberadora de Jesús. Proclama en este himno los valores del Reino que, más tarde, Jesús manifestaría en el sermón del monte:

 

Felices

los pobres,

los que sufren,

los no violentos,

los que lloran,

los que tienen hambre y sed de justicia,

los limpios de corazón,

los perseguidos. (Mt, 5, 3)

 

María, mujer que abiertamente opta por aquellos cuya dignidad tiene que ser recuperada y cuya justicia tiene que ser reconocida y realizada. María sintoniza con la vida y las esperanzas de los que están abajo en la historia.

 

Pablo VI así lo proclamaba: “Acercándonos a Ella, poetisa y profetisa de la redención, escuchamos de sus labios el himno más valiente e innovador que se ha pronunciado jamás, el Magníficat.” Por eso, “María puede ser considerada como espejo de las esperanzas de los hombres de nuestro tiempo. María de Nazaret, entregada de lleno a la voluntad de Dios, lejos de ser pasivamente remisa o de religiosidad alienante, fue una mujer que no dudó en proclamar que Dios es vindicador de los humildes y los oprimidos y que derriba de sus tronos a los poderosos del mundo.”

 

La utopía es la traducción histórica de la esperanza cristiana. Sabemos, por la fe, que esta esperanza rebasa los límites de la historia. Pero sabemos, igualmente, que una esperanza que no empieza trabajando para mejorar la historia, no es ni puede ser la esperanza que nos presenta el Evangelio cuando explica el proyecto del Reino de Dios. María, en su Magníficat, proclama esta esperanza.

 

Con belleza inigualable, Pedro Casaldáliga, pregona:

 

María de Nazaret, cantadora del Magníficat,

María, madre de los ausentes, de los insignificantes,

hogar de todo llanto,

umbral de la ternura recobrada,

manantial de la esperanza resucitada.

Todos tus hijos pródigos te llaman sin saberlo, …

Recoge en la gavilla de tus brazos a todos los dispersos,

abre la puerta a todos los pródigos tiritantes de neón y frío.

Acógelos a todos, ¡oh seno de la Vida!

¡Congrégalos a todos bajo el techo del júbilo materno,

con el pan del Amor entre las manos nuevas.”

 

La María que yo quiero pregonar es esta María – Estrella – Mujer poetisa y profetisa del Magníficat.

2.4. María – Estrella – Madre.

 

La Estrella que yo quiero pregonar es también mujer-MADRE.

¡Madre mía de la Estrella! es la exclamación más sentida y profunda de tus hijos de Navas.

 

La maternidad es una de las imágenes simbólicas más intensas y radicadas en la experiencia humana. La religiosidad precristiana, en el culto de las diosas-madres, había intuido la riqueza arquetípica de la fecundidad de la mujer, de la capacidad de entrega absoluta, de la enorme potencia de la esperanza representada en el seno que engendra la vida. Estos valores son resumidos, renovados y llevados a plenitud en María, madre de Jesús. Desde los más lejanos orígenes antropológicos, la figura de María-Madre la tenemos profundamente arraigada. María es la madre buena, cercana y dulce que siempre nos acompaña; madre eterna, infinita, omnipresente, …

 

Así sentimos los naveros a nuestra Madre de la Estrella: ella es el sacramento de la ternura de Dios.

 

Así, confieso, que la he sentido desde mi infancia y ahora en mi orfandad terrena, la siento con más fuerza, con más significado, con más lucidez … ¡Madre mía de la Estrella!!!

 

Teresa de Jesús nos relata, en el Libro de la Vida, el significado que ella daba a esta maternidad:

“Acuérdome que, cuando murió mi madre, quedé yo de edad de doce años, poco menos. Como yo comencé a entender lo que había perdido, afligida fuíme a una imagen de Nuestra Señora y le suplicaba fuese mi madre con muchas lágrimas. Paréceme que, aunque se hizo con simpleza, me ha valido; porque he hallado en esta Madre soberana cuanto le he encomendado y, en fin, me ha tornado a sí”

 

Ésta es la maternidad de María, protección inagotable a sus hijos y gracia para la conversión: “me ha tornado a si”, nos dice Teresa.

 

No hay mejor forma, ni más sencilla, de describir la maternidad de María: amparo y sostenimiento de la fe.

 

Éste es el sentir filial de los hombres y mujeres de Las Navas: nuestra Madre de la Estrella protectora de nuestras vidas. Nuestra Madre de la Estrella: pilar y sustento de nuestra fe.

 

María, Madre de la Estrella, durante generaciones, ha despertado con su ternura el corazón filial que duerme en cada hombre, en cada mujer de esta tierra.

 

Tu ternura maternal

y tu cálida mirada

cautivan el alma mía

con una fe redoblada .

 

Así describía mi padre a su Madre de la Estrella: ternura de madre y sustento de la fe. Ésta es María. Ésta es nuestra Madre de la Estrella.

 

Monseñor Óscar Romero, obispo asesinado en El Salvador, seducido por María, nos dice:

“Así como cuando brilla la aurora es señal de que ya va a aparecer el sol, cuando se siente a María-Madre es señal de que Cristo está cerca. María conduce a Cristo. … Esta es María, nuestra Madre, una mujer de nuestro pueblo, invadida por la belleza de lo divino. María es la Estrella preciosa que lanza su serena luz de ternura, luz de Madre, sobre nuestras noches y nuestros días.”

 

No, yo no sé quién eres,

pero eres una gran ternura.

No, yo no sé quién eres, pero tú eres

luna grande de enero que sin rumor nos besa,

¡Qué dulce sueño en tu regazo, madre,

soto seguro y verde entre corrientes rugidoras, … ,

 

nos dice Dámaso Alonso en su canto a María

 

Ramón Molina Navarrete invoca con amor de hijo a nuestra Madre de la Estrella:

 

Si Tú pudieras, Madre,

abrir mi corazón a besos

para que Tú hecha sangre

te metieras dentro.

Si Tú pudieras, Madre,

quedarte en mí a fuego,

a miradas y a bondades,

a canciones y a silencios.

 

Antonio García Barbeito, recordando todas las advocaciones que tiene María, escribe:

 

Cuánto nombre para un único Cielo,

cuántas flores para una sola Rosa,

cuánto nombrarte siempre Dolorosa

para acabar nombrándote Consuelo.

Tantas coronas y una sola frente;

para los mismos ojos, cuánto llanto,

y cuánto, cuánto, cuánto perfil santo

para mirarte Una y diferente.

Cuánto nombre buscando hacerte suya

en la oración, el ruego entre la bulla,

en la devota y vieja cercanía…,

para que todo sobre cuando vayas

a contarle la pena que te callas

y simplemente digas: “Madre mía…”

 

Juan Ramón Jiménez expresa con belleza inigualable su relación filial con María:

 

Tengo un altar blanco, lleno

de divinas azucenas,

con una Virgen de mayo,

más brillante que una estrella,

a quien la flor de mi alma

su ardiente perfume eleva.

La quiero como a una madre,

y ella es tan dulce y tan buena

que tristemente sonríe

cuando le cuento mis penas .

 

San Juan de la Cruz, en sus Avisos Espirituales, exclama:

“La madre de Dios es mi madre, la Madre de Dios es mía y para mí.”

 

Éste es el grito, el susurro, la llamada, la invocación, la súplica de los hombres y mujeres de esta tierra cuando se dirigen a ti: ¡Madre mía de la Estrella! La Madre de Dios es mía y para mí.

 

Madre de la Estrella, tú sabes que tu verdadera historia está escrita en tus hijos, tú sabes que cada hijo te lleva grabada en el corazón:

 

Es la Virgen de la Estrella

la que más altares tiene,

porque no hay ningún navero

que en su pecho no la lleve.

 

No hay mejor narración de amor entre una Madre y sus hijos que contemplar el sublime espectáculo del canto de los mayos en tu ermita. Tus hijos de Navas gritan al mundo cómo hay que saberte, Madre mía.

 

Y por esto, Madre de la Estrella, eres singular, inigualable, diferente, eres única, porque eres el crisol que atesora la locura de amor que brota del corazón de hijos que, durante generaciones, han pregonado al mundo cómo ellos te sienten, Madre, cómo ellos te viven, cómo eres tú.

 

La Virgen María que yo quiero pregonar es esta Madre Bendita de la Estrella.

 

3. Romería de mayo. Romería de nuestra Madre de la Estrella.

 

Romería de mayo, la gran fiesta de la Virgen con su pueblo … la apoteosis de un pueblo con su Estrella.

 

Romería de la Virgen de la Estrella, hogar y casa común de los naveros de todos los tiempos.

 

Cuando un navero piensa en mayo, su pecho, su corazón estalla en una explosión de alegría, vida, ánimo, pasión, fiesta… . Es la espera gozosa de la Romería.

 

La fiesta es una necesidad del ser humano. Las personas necesitamos compartir lo interior, lo que llevamos en el corazón, de sacarlo a la luz, de afirmarlo con exuberancia y plenitud. Así lo hacemos los naveros, así lo expresamos y sentimos en nuestra Romería, junto a nuestra madre de la Estrella.

 

Mi querido D. Juan José Megino evocaba nuestra romería en un hermoso poema:

 

“Cuando llega de mayo el primer día,

un pueblo henchido de fervor mariano

se desplaza a la ermita que, en el llano,

es residencia y trono de María.

Tipismo y fe, piedad y algarabía,

“mayos” fervientes, vítores ufanos,

tres jornadas vividas como hermanos

compendian la inefable romería.

Quien quiera convertirse en peregrino

gozar de paz y bienes deseados,

inundando su alma de luz bella,

que siga penitente su camino

-abierto entre olivares plateados –

y contemple a la Virgen de la Estrella.

 

La romería de nuestra Madre supone una puesta en escena en la que los romeros somos espectadores y, a la vez, protagonistas. Somos actores de un espectáculo único, cuyo guión lo construimos con historia, vida y fe. Es un guión que cada año estrenamos aunque haya escenas con decorados eternos. Por eso nunca nos cansamos de esta representación, porque siempre es nueva y auténtica, porque forma parte de nuestra propia vida y porque nos la ha sellado a fuego en el corazón la mejor directora de escena posible: nuestra Madre de la Estrella.

 

Romería de mayo, la gran fiesta de la Virgen con su pueblo … la apoteosis de un pueblo con su Estrella.

 

Romería de mayo: no cabe mayor vínculo entre el cielo y el suelo y … entre el suelo y el cielo.

 

Romería de mayo: corazón de la fe de este pueblo y fuerza de su latir.

 

Romería de nuestra Madre de la Estrella, espacio privilegiado donde la fe se desprivatiza, se comparte con libertad y espontaneidad, se desborda, se hace festejo y celebración.

 

El corazón de los romeros se ensancha, todo lo que nos rodea se vuelve festivo y gozoso. Sentimos un aleteo en las profundidades del alma, y es que llevamos esos días el corazón vestido de fiesta. Corazón desbordado, corazón traspasado de alegría y regocijo. Alegría para celebrar y comunicar, para vivir en plenitud una experiencia única con nuestra Madre.

 

Romería en la que lo efímero de un trozo de pan,

de un pincho de tortilla, de un buen vaso de vino,

en lo efímero de una canción,

en lo efímero de un apretón de manos,

de un abrazo, de un encuentro, de un saludo,

de una sonrisa, de una mirada …

en todo esto efímero,

los naveros sabemos leer lo permanente, lo eterno.

 

Aquí radica lo trascendental de nuestra romería. Los naveros, en la fugacidad de tres días, sabemos encerrar lo eterno. Sentimos la cercanía de nuestros padres, de nuestra infancia, de las romerías vividas, de los hijos ausentes, de los dolores sufridos, de las peticiones rogadas, de las gracias recibidas, … sentimos la cercanía de la Madre y, de su mano, entramos en el misterio del Dios de la vida.

 

Y es que, cuando las cosas y los sentimientos comienzan a hablar y estamos atentos a sus voces, podemos oír sus mensajes porque hay una grieta en ellos por la que penetra una luz superior. Una luz que los hace diáfanos y llenos de vida. Una luz que nos evoca otra realidad distinta, realidad a la que estamos atados fuertemente. La romería no es sólo lo que se ve, se oye o se siente, lo más importante de la romería es lo que no se ve, como diría el Principito en la obra de Saint-Exupéry: “… no se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.”

 

Teilhard de Chardin así lo señaló: el gran misterio del cristianismo es la transparencia de Dios en el universo, en todo lo que nos rodea.

 

“La presencia de Dios ha brotado tan universalmente, nos hallamos de tal modo rodeados y traspasados por ella, que valiéndose de todas las criaturas, sin excepción alguna, nos asedia, nos penetra, nos fragua, … vivimos hundidos en sus ardientes capas.”

 

Romería de nuestra Virgen de la Estrella, lugar donde todo lo humano se vive con pasión: alegría, amistad, fraternidad, fiesta, evocación, encuentro, gratuidad, emoción, reconciliación, … y allí donde se experimenta plenamente la vida, se experimenta también a Dios.

 

Ésta es la romería viva y genuina de nuestra Madre de la Estrella, romería levantada sobre la fe sencilla, sincera y firme de generaciones de romeros. Así lo entendía Jesús de Nazaret: “Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes y se las has revelado a los sencillos.” (Mt, 11, 25)

 

Romería de la Virgen de la Estrella, tierra abonada y rica de experiencia de Dios.

 

Romería de la Virgen de la Estrella, ámbito único donde la fe del pueblo se hace luminosa y estalla, y se grita a los cuatro vientos, porque no se puede silenciar esta gracia, porque tenemos una Madre que la fecunda y la cuida, para que nunca se pierda.

 

Romeria de nuestra Madre de la Estrella, patrimonio de la fe de los naveros. Lugar donde, generación tras generación, se muestra con sabiduría su experiencia trascendente.

 

Romería de nuestra madre de la Estrella, tesoro de nuestro pueblo, manifestación de su identidad, de su conciencia y de su espiritualidad. Llano bendito y fecundo, donde los romeros celebran la vida y la fe con estallidos de fiesta y gozo.

 

¿Hay música más alegre que la de nuestros mayos? ¿Hay letras más hermosas? ¿Se puede expresar de manera más admirable, y a la vez entrañable, el amor a una madre?

 

En otras poblaciones de Castilla, Aragón y Andalucía también se cantan mayos. Los jóvenes los suelen cantar a partir de la media noche del día 30 de abril y muestran la alegría por la llegada de la primavera y, en general, van dedicados a las mocitas del pueblo. En Las Navas, nuestros mayos son muy singulares, tienen una idiosincrasia muy especial, son únicos: todos están dedicados, exclusivamente, a nuestra Virgen de la Estrella. Todo el pueblo unido en una sola voz se pregunta: ¿A quién le echaré por mayo, por mayo y por esposa? Es la pregunta del enamorado que quiere prometer amores en primavera. Para el pueblo de Navas hay una Mujer, única entre todas, a la que “echarle el mayo”: “A la Virgen de la Estrella, que su cara es una rosa”. Los naveros se quedan prendados de su belleza de mujer, de su mirada de madre, y le cantan:

 

 

 

 

Es tu rostro Virgen mía,

una rosa limpia y pura

y tus ojos dos luceros

que nos miran con ternura.

 

Es María más hermosa

que la nieve en el barranco,

que la rosa en el rosal

y la azucena en el campo.

 

Estrella eres de nombre

y de apellido lucero

eres la flor más bonita

de los jardines del cielo.

 

Escogiendo en los jardines

las flores más delicadas,

no habrá rosa, ni azucena

más bonita que tu cara.

 

Estos son los mayos naveros, mayos jubilosos, admirables y poéticos. Manifestación de una lírica que nace del corazón del pueblo con la sencillez, belleza y frescura de todo lo popular. Cantares anónimos, manantiales de amor verdadero que brotan del corazón de los hijos de tan buena Madre.

 

Mayos que tan bien han descrito, a lo largo de nuestra historia, romeros insignes y queridos:

 

“¿Qué es el mayo?

¿Piropo? ¿Flor? ¿Un presente?

Las tres cosas juntamente.

 

Un mayo es una oración

es una forma muy bella

de regalarle a la Estrella,

Las Navas, el corazón.

 

El Mayo es como un dardo ardiente

que asciende raudo hasta la Estrella

surtidor de Luz Incandescente.

A veces, piropo retrechero,

otras, requiebro saleroso

inspirado de modo candoroso

por la inefable Musa de un romero.

 

 

“Mayos que ni son rezos, ni oraciones, ni plegarias, ni canciones, que son trozos de amor que se desprenden del alma y salen por la boca directamente al cielo. ¡Oh esos mayos! … que empiezan a caracolear en la noche que se desposa abril con mayo; esas palabras que se pueden coger con los dedos de tanto sentimiento que llevan.”

 

Nuestra romería tiene también otros mayos, son los mayos bordados con puntadas de amor. Los estadales son:

 

“Expresión enhebrada de requiebros a la Virgen. Mensaje del piropo y de la plegaria, de la fortaleza y de la ternura. Cintas que esconden en su seda lo que el “Mayo” en su melodía.”

 

¿Hay pueblo que sepa rotular el amor a una Madre con un arcoiris de hilos en una cinta de seda?

¿Hay pueblo que sea capaz de enhebrar la primavera y bordarla para su Madre?

 

Si, si hay un pueblo, y hay mujeres en este pueblo que, con sabiduría, arte y amor de siglos, lo hacen posible generación tras generación.

 

Romería de mayo, la gran fiesta de la Virgen con su pueblo y … la apoteosis de un pueblo con su Estrella.

 

Apoteosis de amor apasionado de hijos que, revoloteando, te llevan en procesión por el llano. No son sus hombros los que te sostienen, Madre, los naveros tienen alas en su corazón para elevarte. Te sacan de tu ermita y te pasean sobre un pedestal humano vibrante de júbilo, sostenido por el amor más grande.

 

Tus hijos y tus hijas te abrazan, te envuelven, te estrechan, Madre buena de la Estrella, y, así, quieren revelarte, así te quieren proclamar al mundo.

 

Los que vean, Madre, el cariño de tus hijos, podrán leerte a ti. Sabrán quién eres. Tus hijos no sólo te habitan. Tus hijos te interpretan, te muestran, te definen, dicen al mundo quién eres tú, Madre mía de la Estrella.

 

4. Romería de la Virgen de la Estrella con los hombres y mujeres encarcelados.

 

Hay también otra romería que quiero pregonar, la romería de nuestra Madre con las mujeres y hombres encarcelados .

 

Tú, Madre mía de la Estrella, también has acogido bajo tu mirada maternal, bajo tu sonrisa dulce a los chicos y chicas encarcelados que vienen a visitarte todos los años.

 

Es otra romería. Es una romería única.

 

Los que hemos tenido la gracia de vivirla, hemos podido experimentar tu predilección por los sencillos, por los excluidos, por los que la sociedad arrincona y olvida, por los que no existen para el mundo.

 

Ellos, Madre, estaban aquí contigo, en tu ermita, saludándote, cantándote mayos, celebrando su primer día de libertad en tu llano, volviendo a la vida como romeros peregrinos que caminan hacia una nueva existencia.

 

Tus hijos de Navas los acogieron con un cariño sin límites, como sólo los naveros saben acoger.

 

Tus hijos de Navas se hicieron manos para acariciar rostros cansados.

Sí, Madre, tú sabes que así fue.

Tus hijos de Navas se hicieron palabra para habitar vidas arrasadas.

Tus hijos de Navas se hicieron calor para fundir penas de hielo,

muros de ausencias, miedos de piedra.

Tus hijos de Navas se hicieron risa para curar corazones rotos.

Sí, Madre, tú sabes que así fue.

Tus hijos de Navas se hicieron pan para saciar hambre de ternura.

Tus hijos de Navas se hicieron canción para secar lágrimas.

Sí, Madre, tú sabes que así fue.

Porque Tú, Madre, estabas con nosotros, y tu hijo Jesús estaba con nosotros.

Si, Madre, como en las bodas de Caná,

en tu ermita celebramos el banquete de la vida,

tu hijo derramó en abundancia el mejor vino posible:

el vino del amor.

Y todos los que allí estábamos, Madre,

vimos un cielo nuevo y una tierra nueva,

porque el primer cielo y la primera tierra ya habían desaparecido.

Y tu ermita, Madre, fue la morada que nos acogió a todos.

Y tu hijo Jesús estuvo entre nosotros

y fuimos todos testigos de la promesa.

 

“Dios mismo morará con los hombres.

Enjugará las lágrimas de sus ojos

y no habrá más muerte,

ni luto, ni llanto, ni pena.” (Ap. 21, 1-59)

 

Si, Madre, ésta es también la romería que quiero pregonar.

 

Bendita Estrella,

bendita María,

que reclama y guía,

nuestra romería de Liberación.

 

5. A modo de conclusión.

 

Una navera pocos honores mejores puede recibir de su pueblo que ser invitada a pregonar la Romería de nuestra Madre de la Estrella.

 

He sido dichosa preparando esta intervención porque, sin quererlo, me han ido llegando aromas pasados, recuerdos, vida sobreabundante que estaba escondida en el pozo de mi existencia y que ha emergido a borbotones. Me he acercado al misterio insondable de la fe en Jesús de Nazaret, siempre nuevo y siempre apasionante, a través de nuestra Madre de la Estrella.

 

Madre mía de la Estrella, sé que nací en ti, que nada en mi vida tuvo sentido sin ti.

 

Mi amor infantil a tan buena Madre, a través de los años, se fue haciendo adulto. … se cuestionaron muchas creencias, …, se tambalearon muchas certezas, se derrumbaron muchos iconos. Pero el amor de mi Madre de la Estrella mantuvo mi sed de Dios.

 

La fe de mis padres y la fe de mi familia: mi marido y mis hijos han sido siempre un pilar fuerte, imprescindible, para el sostenimiento de mi fe. Fe que, con los años, se ha hecho más desnuda y descarnada, a la vez, creo, que más libre.

Desde esta fe sincera, aunque pobre y débil, he querido pregonarte, Madre mía de la Estrella.

 

 

 

Muchas gracias.

 

 

6. Referencias.

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