1952

 

ANTIGUA Y REAL COFRADÍA DE MARIA SANTÍSIMA

NTRA. SRA. DE LA ESTRELLA

PATRONA DE NAVAS DE SAN JUAN (JAÉN).

AÑO 1952

DON TOMÁS URDA CUBERO

(Presbítero)

 

 

 

Pregón de la Romería al Santuario

de Ntra. Señora de la Estrella

por D. Tomás Urda Cubero

Entre los espectáculos maravillosos que nos ofrece la creación, quizá ninguno

como el espectáculo del mar en calma bajo un cielo estrellado y sereno. En la liqui

da llanura, torsa y bruñida como un espejo, se balancea la nave con la misma ingrá-

vida elegancia con que se mece una mariposa sobre el pétalo de una flor; en la com-

ba azul del firmamento brillan las estrellas, centellean los luceros y en la remota le-

janía del confín la luna, como una azucena de plata bordada en la fimbria de un

manto imperial, muestra la maravilla de su faz nacarada y suave. En un momento

aquellos cristales se quiebran; aquel brillo se obscurece: negros nubarrones cabalgan

por el espacio; chasca el rayo su latigazo asolador; el horrísono tableteo del trueno

retumba en los aires y las olas ingentes y negruzcas salen de los abismos amena-

zando devorar la frágil navecilla. Los marinos luchan con denuedo para vencer al

huracán y la tormenta; golpean con los remos el agua arrancando jirones de espu-

ma; el sudor corre por los desnudos hombres de los náutas; los ojos desencajados;

la respiración anhelosa. Los remos siguen golpeando ora al vacío, ora las crestas de

las olas. Sin oriente, sin brújula, la desesperanza va ganando el corazón de aque-

Ilos esforzados marinos. La nave resiste ...

De pronto, una fantasmagórica rasgadura de las nubes encresponadas rompe la

opacidad del cielo donde surge brillante el disco plateado de una estrella La alegría

y la esperanza renacen en aquellos corazones cansados. Ya 'se divisa un horizonte,

¡Adelante! La estrella sirve de brújula, antorcha que en la noche conduce entre las

sombras a la nave a las costas risueñas de la paz y el descanso.

¡Estrella! Estrella es el título que ostenta la Patrona de Navas de San Juan, lin-

do 'pueblo, afable y señorial que conserva las rancias virtudes de la estirpe: que en

«El Condado» de Jaén pregona su antigüedad y grandeza, celebra su famosa rome-

ría los días 1,2 Y 3 de Mayo, de alma generosa, semejante al tronco de sus olivos,

secos y nudosos, pero llenos de savia y coronados de fruto, ese fruto que nos prc-

porcíona el Oleo Santo; nave que con la mirada fija en su Estrella, ha sorteado to-

das las tormentas; que, bien arbolada, va venciendo el curso de las olas de este mar

sin reposo, sin desviarse en su ruta, sin declinar jamás, aunque a veces ha luchado

contra todos los furores del cielo y de la mar; que guiada por su Estrella ha remon-

tado el curso de las olas hasta alcanzar las deliciosas playas en donde florece la

paz; que a la sombra de su Virgen desenvuelve su vida en plena juventud henchida

de fé y patriotismo porque esa Estrella ha sido siempre y será en lo porvenir la flor

más perfumada de sus vergeles, la joya más preciada de sus tesoros y el timbre mas

preclaro de su s glorias.

En el Santuario tiene lugar un acto emotivo que deja en los corazones juveniles

'un sabor de ilusión y una aurora de esperanzas. Se procede a la rifa y venta de IQS

estadales que las jóvenes bordaron durante el año. El estada! no puede ostentar fir-

ma o señal alguna que acredite la mano que lo bordó, pero los jóvenes intuyen, pre-

siente, adivinan tras aquellos colores y dibujos un corazón que espera su caballero.

¡Cuántas ilusiones tejidas con la seda en las jornadas de su confección! El acto es

solemne y una ráfaga de emoción hace latir los corazones aceleradamente. Las mi-

radas se fijan curiosas e impacientes en los estadales, y al fin, el enamorado ciñe su

cuello con la codiciada prenda que muchas veces es señal de promesa, porque dos

corazones quedaron enlazados por la invisible y misteriosa cadena del amor ..

Se celebra en honor de la Virgen una solemn fiesta en la que un orador COII su

encendida palabra canta las glorias de la Santísima Virgen, siendo este año el Ma-

gistral de Madrid Dr. A. de Castro Albarrán, figura señera de la cultura cristiana el

que derramará raudales de enseñanzas y caldeará los corazones de la muchedum-

bre que ofrenda a su Madre en luces, en flores y en plegarias el homenaje de su amor

Merece destacarse de la romería a la Estrella, la procesión de la tarde por el eji-

do. Una inmensa muchedumbre se apiña en la puerta para acompañar a la Imagen.

Sobre una carroza de plata adornada por delicadas manos femeninas con todos los

primores del arte se inicia el desfile. En los semblantes se refleja la más honda emo-

ción; muchos ojos se empañan de lágrimas; súplicas fervientes brotan de todos los

labios; los corazones tiemblan ante aquella mirada que penetra como un rayo de luz

en lo más íntimo del alma; las madres levantan entre sus brazos a los pequeños pa-

ra ofrendarlos a su Patrona; el estampido de los cohetes rima con el repique de las

campanas; los vítores y las aclamaciones hacen de este momento el más sublime y

culminante de toda la romería. El pueblo entero reza y canta. Canta unas coplas

peculiares llamadas «Mayos": una copla andaluza injertada en la jota; canción de

que se vale el alma popular para expresar sus sentimientos; una flecha de amor que

va derecha a clavarse en el corazón de la Virgen de la Estrella; es súplica y perdón;

es una copla que a veces tiene la suave ternura del madrigal y otras el deje melan-

cólico del salmo; un poema de amor y de gracia; resumen de toda la filosofía de un

pueblo que “ora et labora”; flor espontánea en los labios del pastor solitario del

desdeñado amante y de la doncella enamorada; consejo de la vejez y explosión de

la juventud, y siempre y por doquier, válvula de seguridad del alma acongojada o

gozosa: ave de luz cautiva en las cárceles de nuestra miseria, que extendiendo sus

alas ávidas de infinito cantan para llorar sus penas y para reir sus alegrías, para

desgranar sus temores y para engarzar sus esperanzas, para musitar sus dudas y

para proclamar sus creencias.

Ha terminado la romería. Se ha perdido el eco de los últimos «Mayos». La mu-

chedumbre vuelve jubilosa comentando las incidencias de la jornada. Profundo si-

lencio reina en torno de la Ermita. Las primeras sombras de la noche tienden su ve-

lo sobre los olivares cuyas ramas se mecen al blando susurro de la brisa. Las aves

replegan sus alas en la fronda de los árboles y los astros desplegan su luz en el es-

pacio. Ambiente tibio y perfumado. Se han apagado los cirios que ardían como

ofrendas sobre el pavimento. Solo la lámpara derrama su luz por la nave so-

litaria del templo. La Estrella ha quedado sola. Todo es silencio y quietud. Mientras

los vecinos de Navas de San Juan se entregan a las íntimas delicias del hogar do-

méstico, tiene lugar una escena que ellos desconocen y que revela el amor inagota-

ble de la Santísima Virgen.

Una figura alada hiende el aire, cruza la nave y se postra a los pies de la Ima-

gen. En sus ojos brilla la pureza sin mancilla, su vestidura parece tejida de azula-

das ondas, su frente despide reflejos del Empíreo. Es el apóstol Juan que postrado

como en el Calvario a los pies de María dice estas palabras que encierran una im-

ploración. -Madre, he ahí a tus hijos. Y la Santisima Virgen, acepta esta especial

maternidad y señalando con una mano al pueblo que duerme y descansa contesta:

-Hijo, he ahí a tu pueblo ...